La historia de

El arte de un vestido Delphos

Varias veces escuchamos decir que la moda es una especie de arte. Si bien me reservo dicho adjetivo, hay casos donde la expresión queda exacta. Supongo que así nació el vestido Delphos, aquella prenda a la que llaman el vestido perfecto. Como una buena pieza de arte esta llena de historias, misterios y eso que debemos apreciar y no sabemos ni por qué.

¿Por qué te cuento esto?

Hace días, mientras hojeaba uno de los libros de la colección del Kyoto Costume Institute, encontré varias imágenes de vestidos Delphos, me di un tiempo para apreciar los plisados y los pequeños cristales de murano con lo que se aseguraban de darle la caída específica. Es que de manera particular, me asombra que la simplicidad sea tan complicada y me impresiona que la naturalidad y la apreciación de la belleza sea todo un tema. Un Delphos nunca es igual a otro aunque el proceso de elaboración, el plisado, el color sean el mismo. El vestido termina de tomar su propia personalidad con la silueta de quien lo porta; inclusive, el mismo diseñador especificaba que debía usarse sin otra prenda debajo para no modificar la silueta. Con tantos detalles es imposible negar que cada una de las piezas es una experiencia particular.

Este vestido fue creado por Mariano Fortuny en 1909, artista multifacético que destacó por sus aportaciones en la moda y el diseño textil, algunos expertos aseguran que la visión del artista era más evolucionada que otros contemporáneos como Poiret y la misma Chanel. La visión de Fortuny desafiaba los convencionalismos de la época, se rebelaba ante las deformidades que en ese tiempo eran moda con el uso del corsé. Y aunque el tiempo ha pasado, viviendo en pleno siglo XXI considero que la idea de crear una segunda piel y vestir el cuerpo en su forma más natural, es un concepto más profundo de lo que se pudiera esperar aún en estos años.

Mariano Fortuny creo el Delphos a partir de las sedas más finas y utilizando colorantes que el mismo hacía, incluyendo tonos plateados que lograba con polvo de aluminio. Todos los avances textiles que fueron aplicados en este vestido se materializaron en la replica de un chitón poderés, túnica utilizada en Grecia alrededor del año 476 a.C.

Tan particular era la fórmula para la creación de uno de estos vestidos, que el diseñador registró su proceso para que nadie pudiera igualarlo. Inclusive se dice que al morir la viuda se deshizo de todos sus colorantes para inmortalizar su legado.

Mariano Fortuny era un impulsador de la industria textil aunque el mismo continuaba con su trabajo artesanal. Una prueba de que la industrialización no desplaza el trabajo hecho a mano, pero que uno se enriquece de la otra.

Reconozco que la primera vez que supe de este vestido fue cuando vi a Sira confeccionar uno en color carmín para Rosalinda Fox, en la serie “El tiempo entre costuras”. Cuando lo vi no sabía de cual era su importancia, ni por qué una mujer tan cosmopolita como Rosalinda lo veía tan maravilloso. Después de buscar un poco y sentarme con paciencia a observarlo, entiendo que hasta lo que parezca tan simple, tiene toda una ciencia detrás.

¿Y tu qué opinas? ¿Conoces alguna otra prenda que pueda considerarse arte? Me encantaría saber de ti en los comentarios.

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